LANZAROTE (III)



PARQUE NACIONAL DE TIMANFAYA
Es un paisaje tan extenso, tan agreste, inhóspito, lunar que algo se remueve dentro al pensar en su origen volcánico, esos colores rojos, ocres y negros que hacen de la zona un sitio tan especial hoy en día y tan devastador hace tanto tiempo que te hace sentir requetepequeño frente la naturaleza. Las erupciones volcánicas producidas en 1730 (cuya duración fue de 6 años) y las de 1824 crearon nuevos cráteres, sepultaron pueblos enteros y enterraron los terrenos más fértiles de la isla. Siguiendo la carretera hacia el parque se llega hasta el Islote de Hilario donde se puede observar la atracción turística de los geisers artificiales, provocados al verter agua fría sobre una cámara magmática que se encuentra a 3 kilómetros de profundidad. En el Islote se encuentra el restaurante El Diablo, famoso por ser creación del artista internacional César Manrique, donde se puede degustar comida canaria cocinada sobre un horno natural. Entre los paseos turísticos, se puede elegir entre visitar el parque a lomo de un camello; realizar la ruta de 14 kilómetros en guagua o realizar una ruta guiada a pie, de las dos que existen: Ruta de Tremesana y Ruta del Litoral. La ruta en guagua es la más popular, ya que nos acerca a los lugares más importantes del Parque mientras oímos la narración del párroco de Yaiza sobre las erupciones volcánicas.

LA GERIA
Es una zona de arena negra donde dirías que no puede crecer nada y de repente ves una gran extensión de viñedos de un verde brillante sobre cenizas negras, cultivados de forma muy especial para evitar la erosión del viento y retener el agua que trae la humedad de la noche.


CUEVA DE LOS VERDES
En el siglo XVIII las cuevas sirvieron de refugio a los aborígenes, denominados majoreros, cuando sufrían ataques tanto de los buscadores de esclavos como de los piratas. Esta cueva forma parte de la colada de lava proveniente de la erupción del Volcán de La Corona, que avanzaba mientras la superficie se solidificaba. En la entrada de la Cueva se produjo el fenómeno denominado jameo, derrumbamiento de la superficie por peso o por explosiones de gas. Jesús Soto adaptó en 1964 cerca de dos kilómetros de Cueva, respetando al máximo su estructura y limitando su manipulación a sólo un magnífico sistema de iluminación que realza el fenómeno natural, destacando en todo su esplendor el cromatismo de sus paredes. Acompaña a este espectáculo suave música ambiental, convirtiendo este centro turístico en uno de los más bellos. En el interior de La Cueva se ha integrado un auditorio, segundo escenario del Festival Música Visual de Lanzarote.

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